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21.08.2015
Un honor a los grandes 'Héroes del Mar'

Por Carlos Gallardo

Los productos ecuatorianos, que poseen un brillo único frente al mundo, deben su calidad no solo al ecosistema del país sino a las manos que diariamente los trabajan y los viven intensamente. En el caso del camarón ecuatoriano, así como de los demás mariscos que disfrutamos diariamente, el país es muy afortunado al contar por un lado, con un sector emprendedor y por otro, los grandes héroes del mar: los pescadores artesanales.

Durante la luna llena, cuando la vida marítima se despierta, los pescadores aprovechan para emprender su travesía en alta mar. El conocimiento ancestral se combina con la marea, la fuerza, incertidumbre, creencias y leyendas populares. Desde hace miles de años, los pescadores buscaban gobernar el agua para alimentar a sus familias, desarrollando artes de pesca que evolucionaban con la práctica y la sabiduría.

La “Atarraya” es un arte utilizado hace más de 40 años, que requiere de una red circular para capturar los peces. En la actualidad, la actividad también se realiza con barcos de madera, fibra de madera o fibra de vidrio y son impulsados por motores. Algunos de ellos son: Balsa, Bongo, Canoa, Panga, Bote de Madera y Bote de Fibra de Vidrio.

Para encontrar el sitio ideal de pesca, el pescador busca llegar a una profundidad ideal medida en “brazas”, refiriéndose a la distancia entre el puño y el codo del pescador. Aproximadamente, en los 40 metros de profundidad, sin el uso de luz artificial, el pescador deja caer su red al mar. Mientras esperan tener suerte en su captura, las leyendas los acompañan y atemorizan. Es posible encontrarse con la cautivadora “Tunda” que seduce al pescador con suculentos camarones o quizás con el “Riviel”, el duende embustero que los arrastra al remolino.

Es así que el valor y sacrificio de un pescador forma parte del gran sabor de un encocao de camarones, un ceviche o una cazuela humeante de mariscos. 

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