bostezo

Nuestra capacidad para resistirnos al contagio es limitada; incluso el intento de reprimirlo aumenta la necesidad de bostezar.

Se apoya en la hipótesis de que bostezamos para llenar el cerebro de oxígeno y “refrescarlo”.

Lo primero que hace un bebé es llorar. Lo segundo, más o menos a los cinco minutos de nacer, es bostezar.